Revisado por Dr. Óscar Rivas, Psicólogo clínico, PsyT
Última revisión: 2026-10-07 · Próxima revisión: 2027-10-07
Respuesta breve
El trauma vicario es un cambio en la forma de verse a uno mismo, a los demás y al mundo en quien atiende a sobrevivientes de trauma. Se distingue del estrés traumático secundario, parecido al TEPT, y del desgaste profesional. No es un diagnóstico: se detecta con escalas como el ProQOL y se previene con límites y supervisión.
¿Qué es el trauma vicario y cómo se identifica?
El trauma vicario es el impacto emocional y psicológico que pueden sufrir las personas que acompañan o atienden con regularidad a sobrevivientes de trauma. No proviene de vivir el hecho en carne propia. Aparece por una vía indirecta: el vínculo empático, la exposición continua a relatos traumáticos o presenciar el sufrimiento emocional de otra persona (McCann y Pearlman, 1990; Figley, 1995). Psicoterapeutas, trabajadores sociales, personal de primera respuesta y de urgencias, y cuidadores son especialmente susceptibles por su contacto empático constante con poblaciones traumatizadas (Cocker y Joss, 2016).
En el uso cotidiano, "trauma vicario" y "trauma secundario" se emplean como sinónimos, pero la literatura distingue cuatro conceptos emparentados:
- Trauma vicario
- Término de McCann y Pearlman (1990), formulado desde su teoría constructivista del desarrollo del self: cambios perjudiciales en la forma en que el profesional se ve a sí mismo, a los demás y al mundo por la exposición al material traumático de sus pacientes (Baird y Kracen, 2006). Pearlman y Saakvitne (1995) lo desarrollaron en la psicoterapia con sobrevivientes de incesto.
- Estrés traumático secundario
- Para Figley (1995), las conductas y emociones que resultan de manera natural de saber que otra persona vivió un evento traumático; es el estrés de ayudar, o de querer ayudar, a alguien que sufre. Sus síntomas imitan los del TEPT (intrusión, evitación y activación), con exposición indirecta (Bride et al., 2004; Baird y Kracen, 2006).
- Fatiga por compasión
- Figley (1995) la describió como un estado de agotamiento y disfunción biopsicosocial por la exposición prolongada al estrés por compasión (citado en Cocker y Joss, 2016). En el modelo de Stamm (2010) agrupa dos componentes: el desgaste profesional y el estrés traumático secundario.
- Desgaste profesional (burnout)
- Síndrome por estrés laboral crónico que no se ha manejado con éxito; se caracteriza por agotamiento, distancia mental o cinismo hacia el trabajo y sensación de ineficacia. La CIE-11 lo registra como QD85, síndrome de desgaste ocupacional, entre los factores que influyen en el estado de salud, y aclara que no es un trastorno mental (OMS, 2024). No requiere exposición a material traumático: puede deberse a una carga de trabajo muy alta o a un entorno laboral sin apoyo (Stamm, 2010).
Las fronteras entre estos conceptos siguen en discusión. Stamm (2010) señala que los intentos de separarlos empíricamente han tenido poco éxito, y Baird y Kracen (2006) advierten falta de claridad conceptual en la literatura.
Cómo se identifica
Identificarlo implica reconocer cambios emocionales, cognitivos o conductuales sutiles que se acumulan poco a poco. Los profesionales afectados suelen referir agotamiento emocional persistente, menos empatía, imágenes o recuerdos intrusivos relacionados con los relatos de sus pacientes, evitación de tareas laborales o embotamiento emocional crónico (Pearlman y Saakvitne, 1995; Bride, 2007).
En trabajadores sociales de atención directa, Bride (2007) concluyó que la exposición secundaria a eventos traumáticos es muy probable, que muchos presentan al menos algunos síntomas de estrés traumático secundario y que una minoría significativa podría cumplir los criterios del TEPT.
¿Qué consecuencias tiene en la salud y el trabajo del profesional?
Consecuencias psicológicas
Las más comunes son ansiedad elevada, depresión, irritabilidad, cinismo generalizado, desapego emocional, menor empatía, sensación de impotencia, desesperanza y dudas persistentes sobre uno mismo (Figley, 1995). Stamm (2010) asocia el desgaste profesional con desesperanza y dificultad para hacer bien el trabajo, y el estrés traumático secundario con miedo, problemas de sueño, imágenes intrusivas y evitación de lo que recuerda el trauma del paciente.
Consecuencias fisiológicas
Se describen fatiga crónica, alteraciones del sueño e hiperactivación. El agotamiento es una dimensión del desgaste profesional (OMS, 2024); los problemas de sueño y la hiperactivación forman parte del estrés traumático secundario (Bride et al., 2004; Stamm, 2010). En la práctica clínica también se reportan quejas somáticas, como dolor de cabeza o molestias gastrointestinales, que las fuentes revisadas para esta guía no estudian de forma específica.
Que el trauma vicario altere la regulación del sistema nervioso autónomo, eleve el cortisol, reduzca la respuesta inmune o modifique la reactividad cardiovascular es, por ahora, una hipótesis. Las fuentes que suelen citarse no midieron esos marcadores: Bride (2007) es una encuesta de síntomas autoinformados y van Dernoot Lipsky y Burk (2009), una guía práctica de autocuidado.
Consecuencias laborales
El deterioro laboral se manifiesta en menor satisfacción con el trabajo, menor productividad y eficacia con los pacientes, retiro de responsabilidades profesionales y ausentismo; en casos graves, en rotación de personal o abandono de la carrera. Suele describirse como fatiga por compasión o desgaste profesional, que no son sinónimos. Según Cocker y Joss (2016), la fatiga por compasión puede afectar la calidad de la atención y las relaciones con colegas, o derivar en TEPT, ansiedad o depresión.
¿Es un diagnóstico? Criterios e instrumentos de evaluación
El trauma vicario y la fatiga por compasión no figuran como diagnósticos en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022) ni en la CIE-11. El desgaste profesional sí aparece en la CIE-11 (QD85), pero no como trastorno mental (OMS, 2024, 2025).
Eso no impide diagnosticar a un profesional expuesto. El criterio A del TEPT en el DSM-5-TR incluye la exposición indirecta a detalles aversivos del trauma, por lo general en el ejercicio profesional (por ejemplo, personal de primera respuesta o paramédicos), y no cambió respecto al DSM-5 (National Center for PTSD, 2026). La CIE-11 exige para el TEPT (6B40) un evento extremadamente amenazante u horrible, y su lista de ejemplos no es exhaustiva (OMS, 2024).
Instrumentos de evaluación
- Escala de Calidad de Vida Profesional (ProQOL, Professional Quality of Life Scale): autoinforme muy usado que mide satisfacción por compasión, desgaste y estrés traumático secundario en quienes ayudan. Puede copiarse sin costo, con crédito a la autora y sin modificarla, y tiene traducción al español (Stamm, 2010).
- Escala de Estrés Traumático Secundario (STSS, Secondary Traumatic Stress Scale): 17 reactivos sobre intrusión, evitación y activación por exposición indirecta en la relación profesional con pacientes traumatizados; se validó con 287 trabajadores sociales (Bride et al., 2004).
- Inventario de Burnout de Maslach para servicios humanos (MBI-HSS, Maslach Burnout Inventory, Human Services Survey): 22 reactivos sobre agotamiento emocional, despersonalización y realización personal reducida (Maslach y Jackson, 1981); se aplica con licencia de la editorial (Maslach et al., 2018).
Estos instrumentos ayudan a clínicos, supervisores y directivos a detectar señales tempranas y a ofrecer a tiempo intervención, apoyo profesional y recursos (Bride, 2007; Stamm, 2010). Son de tamizaje y seguimiento: el manual del ProQOL advierte que no es una prueba diagnóstica y que un puntaje alto debe llevar a una evaluación con procedimientos diagnósticos apropiados (Stamm, 2010).
¿Cómo se previene y se atiende?
Las estrategias combinan el cuidado del propio profesional con cambios en la organización donde trabaja, y buscan actuar antes de que el daño se instale.
Autocuidado individual
Incluye prácticas regulares de autorreflexión y conciencia emocional, uso constante de intervenciones basadas en mindfulness, actividad física, buena higiene del sueño y límites deliberados en el rol profesional. Los ejercicios de autocompasión, la escritura reflexiva, la expresión creativa, la meditación y las técnicas de anclaje (grounding) pueden ayudar a reducir la desregulación emocional y fisiológica asociada al trauma secundario (Neff y Germer, 2018; van Dernoot Lipsky y Burk, 2009).
Estrategias organizacionales
Consisten en construir culturas laborales informadas sobre el trauma que cuiden la resiliencia de los profesionales: formación continua sobre trauma secundario, redes de apoyo entre pares, cargas de trabajo equilibradas y recursos para el desarrollo profesional. Las organizaciones deberían institucionalizar la capacitación periódica sobre trauma, el acceso a supervisión clínica y espacios estructurados de revisión entre pares que permitan procesar las emociones y reduzcan el aislamiento o la sobrecarga (Pearlman y Saakvitne, 1995; Figley, 1995).
Son recomendaciones clínicas poco evaluadas: todas las intervenciones incluidas en la revisión de Cocker y Joss (2016) eran individuales, y los autores concluyen que los empleadores tienen muy poca evidencia concluyente sobre cómo prevenir la fatiga por compasión.
Supervisión clínica y apoyo profesional
La supervisión clínica regular e informada sobre el trauma tiene un papel central en la prevención. Cuando se enfoca de manera explícita en la conciencia emocional del clínico, el procesamiento reflexivo del trabajo con pacientes, la seguridad relacional y la contención emocional, ofrece un espacio para procesar con seguridad la exposición secundaria, disminuir el aislamiento y sostener el crecimiento profesional (Pearlman y Saakvitne, 1995; Bride, 2007). En la síntesis de Baird y Kracen (2006), las experiencias de supervisión aparecen entre los predictores del trauma vicario, con un nivel de evidencia menor que el de la historia personal de trauma del profesional.
Un protocolo para prevenir el trauma vicario en psicotraumatólogos
El Protocolo SAFECARE (Self-Awareness, Attunement, Frameworks, Emotional regulation, Compassion, Advocacy, Relational support, and Empowerment) ofrece a los psicotraumatólogos estrategias estructuradas para prevenir y manejar el trauma vicario de forma anticipada. En español, sus ocho componentes son autoconciencia, sintonía, marcos y límites, regulación emocional, compasión, incidencia, apoyo relacional y empoderamiento. Parte de que estos profesionales escuchan con frecuencia relatos traumáticos intensos y malestar emocional, y pone el acento en el autocuidado equilibrado, la resiliencia emocional, la supervisión continua y el apoyo organizacional estructurado (Rivas, 2024).
Protocolo SAFECARE: componentes centrales
S: autoconciencia (Self-Awareness)
- Hacer autoevaluaciones periódicas con instrumentos validados (ProQOL, STSS) para dar seguimiento a los síntomas de fatiga por compasión o desgaste.
- Llevar un diario personal o una bitácora reflexiva para identificar las reacciones emocionales y las vulnerabilidades que cambian con el trabajo clínico.
- Programar revisiones trimestrales de autocuidado dentro de la supervisión para vigilar el bienestar personal y la salud emocional.
A: sintonía con las señales tempranas (Attunement to Early Signs)
- Establecer un sistema personal de alerta temprana con los indicadores propios de sobrecarga emocional (por ejemplo, fatiga, irritabilidad, quejas somáticas).
- Usar periódicamente instrumentos de autoevaluación (por ejemplo, el Inventario de Burnout de Maslach o la Escala de Calidad de Vida Profesional) para reconocer a tiempo indicadores de desgaste y de estrés traumático secundario. Ninguno mide de forma directa los cambios de creencias propios del trauma vicario.
F: marcos y límites (Frameworks and Boundaries)
- Delimitar el trabajo con trauma: límites estructurados a la carga de casos, organización de la agenda clínica y pausas específicas después de sesiones intensas.
- Usar la supervisión profesional para reforzar y revisar con regularidad los límites y el equilibrio de la carga de trabajo.
Este componente tiene respaldo: en la síntesis de Baird y Kracen (2006), la cantidad de exposición a material traumático fue el factor con evidencia más sólida para el estrés traumático secundario.
E: prácticas de regulación emocional (Emotional Regulation Practices)
- Integrar a la rutina clínica diaria prácticas regulares basadas en mindfulness (por ejemplo, el programa de Reducción del Estrés Basada en Mindfulness, ejercicios de respiración o técnicas de anclaje).
- Hacer cada semana ejercicios estructurados de descompresión emocional, como imaginería guiada, yoga o anclaje somático, para soltar la tensión acumulada.
- Participar de forma activa en actividades ajenas a la clínica y a la profesión.
C: compasión y autocompasión (Compassion and Self-Compassion)
- Aplicar ejercicios estructurados de autocompasión, como los del programa Mindful Self-Compassion (Neff y Germer, 2018), para aumentar la autocompasión y reducir la autocrítica o las dudas sobre la propia capacidad profesional; también ayudan a normalizar las reacciones emocionales.
- Incluir en la supervisión psicoeducación periódica sobre la fatiga por compasión y sobre estrategias para construir una resiliencia compasiva.
A: incidencia y apoyo organizacional (Advocacy and Organizational Support)
- Impulsar en las organizaciones o instituciones profesionales prácticas laborales informadas sobre el trauma: cargas de trabajo equilibradas, pausas suficientes, recursos clínicos y formación continua en prevención del trauma vicario.
- Promover que los psicotraumatólogos asuman roles de liderazgo para crear políticas y recursos dirigidos de forma explícita a la fatiga por compasión y al trauma vicario dentro de la organización.
R: redes de apoyo relacional (Relational Support Networks)
- Facilitar grupos de apoyo entre pares diseñados para psicotraumatólogos, donde se hable con regularidad de la experiencia clínica y de su impacto emocional, y se compartan estrategias de autocuidado.
- Ofrecer supervisión clínica accesible e informada sobre el trauma, orientada a la contención emocional y al procesamiento reflexivo, en un vínculo que valide la experiencia del clínico.
E: empoderamiento y desarrollo profesional (Empowerment and Professional Development)
- Dar prioridad a la formación continua en construcción de resiliencia, inteligencia emocional y estrategias avanzadas de autocuidado.
- Animar a los psicotraumatólogos a formarse o certificarse en autocuidado informado sobre el trauma, mindfulness o enfoques centrados en la compasión, para que asuman un papel activo en sus propias prácticas de resiliencia.
- Cada seis a nueve meses, participar en protocolos grupales de EMDR o en sesiones individuales dirigidas al trauma vicario.
Referencias
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto rev.). American Psychiatric Association Publishing. DOI
- Baird, K. y Kracen, A. C. (2006). Vicarious traumatization and secondary traumatic stress: A research synthesis. Counselling Psychology Quarterly, 19(2), 181-188. DOI
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