Trauma existencial y religioso: daño moral y abuso de conciencia

Revisado por Dr. Óscar Rivas, Psicólogo clínico, PsyT

Última revisión: 2026-10-07 · Próxima revisión: 2027-10-07

Respuesta breve

El trauma existencial y religioso agrupa heridas que rompen el marco moral o espiritual de una persona y el sentido de su vida, como el daño moral o el abuso de conciencia. No es un trastorno en la CIE-11 ni en el DSM-5-TR, aunque desde octubre de 2025 el DSM-5-TR lo admite como foco de atención clínica (Z65.8).

¿Qué es el trauma existencial y religioso?

Es una categoría clínica, no un diagnóstico. Reúne las heridas que aparecen cuando una experiencia rompe las creencias centrales de la persona o el sentido que da a su existencia.

Este modelo llama trauma existencial-espiritual (o existencial y religioso) al daño psicológico y espiritual que sigue a experiencias que alteran la identidad espiritual o los fundamentos éticos de alguien. La categoría integra conceptos que la literatura ha estudiado por separado:

Daño moral (moral injury)
Herida que sigue a cometer, no impedir o presenciar actos que transgreden creencias y expectativas morales arraigadas; sus efectos pueden ser duraderos en lo emocional, lo psicológico, la conducta, lo espiritual y lo social (Litz et al., 2009). Definiciones posteriores incluyen también ser víctima de traiciones graves de la confianza y agrupan sus consecuencias en dos ejes: las ligadas a la vergüenza y las ligadas a la violación de la confianza (Litz et al., 2022).
Trauma existencial
Alteración en la construcción de sentido y de propósito tras experiencias que desafían los supuestos básicos sobre la seguridad y el control de la propia vida. Su referencia teórica es Yalom (1980), que organiza la psicoterapia existencial en torno a cuatro preocupaciones últimas: la muerte, la libertad, el aislamiento y la falta de sentido. La etiqueta de trauma existencial aplica ese marco al psicotrauma.
Trauma trascendente
Herida que surge cuando se rompen las creencias de la persona sobre lo sagrado o sobre su relación con una realidad superior, y la deja con una sensación de abandono o de desencanto espiritual. Es una categoría propia de este modelo. Tedeschi y Calhoun (2004) no usan el término, porque su tema es el crecimiento postraumático, pero describen el mecanismo: un evento psicológicamente sísmico puede sacudir o derrumbar los supuestos sobre el propósito y el sentido de la existencia. También observan que de la duda espiritual puede surgir una fe más honda y que las personas no religiosas pueden crecer en el terreno existencial.
Trauma religioso
Daño psicológico y espiritual causado en contextos religiosos nocivos, con manipulación, coerción, autoritarismo espiritual, rigidez doctrinal o prácticas abusivas dentro de comunidades religiosas o espirituales. Stone (2013) lo define como el daño psicológico persistente que resulta de mensajes, creencias y experiencias religiosas. Winell (2011) llamó síndrome de trauma religioso a la condición de quienes luchan por dejar una religión autoritaria y dogmática.
Abuso de conciencia
Daño que resulta de la manipulación, la coerción o el control deliberados sobre la autonomía, los pensamientos, las creencias o la conciencia misma de una persona. Suele darse en grupos sectarios y en relaciones de control coercitivo, aunque también en entornos totalitarios. Mina la capacidad de pensar y decidir por cuenta propia, incluido el discernimiento espiritual, y afecta la identidad y la confianza en uno mismo. Lalich y Tobias (2006) y Hassan (2015) describen cómo se atrae a las personas a grupos y relaciones abusivas y cómo se les retiene ahí. En español el término tiene un uso eclesial establecido: el papa Francisco (2018) habla de "abusos sexuales, de poder y de conciencia".

¿En qué se distingue de otras formas de trauma?

El modelo sostiene que este trauma hiere sobre todo la conciencia moral y las creencias centrales, mientras que otros traumas alterarían ante todo los circuitos del miedo. La neuroimagen apoya esa idea solo en parte.

Lloyd et al. (2021) usaron resonancia magnética funcional mientras personal militar y de seguridad pública con TEPT, y civiles expuestos a un daño moral sin TEPT, recordaban el hecho moralmente dañino. En el grupo con TEPT se activaron más la ínsula posterior derecha y la corteza cingulada anterior dorsal (nodos de la red de saliencia ligados al procesamiento visceral y a la hiperactivación), el giro poscentral izquierdo y la corteza prefrontal dorsolateral izquierda. La corteza prefrontal dorsomedial, asociada al procesamiento autorreferencial y a la cognición moral, no mostró una activación mayor: dentro del grupo con TEPT, su actividad se correlacionó de forma negativa con la vergüenza. Los autores concluyen que estos resultados coinciden con hallazgos previos en TEPT durante el recuerdo autobiográfico.

Con un paradigma de recuerdo guiado por guion, Terpou et al. (2022) hallaron mayor conectividad entre la sustancia gris periacueductal del mesencéfalo y un componente de la red neuronal por defecto en personas con TEPT de origen civil (n = 28) frente a controles (n = 18); en el TEPT de origen militar o policial (n = 28) solo hubo una tendencia. Los autores vinculan el hallazgo con la vergüenza y otras emociones morales, y reconocen que los correlatos neurales que distinguen el daño moral del TEPT siguen siendo en gran parte desconocidos.

Ambos estudios compararon a personas con TEPT con controles, y ninguno incluyó trauma religioso. Con ese diseño no permiten aislar el daño moral del TEPT ni hablar todavía de una firma neurobiológica propia.

En la clínica, la herida suele involucrar autoevaluación intensa, vergüenza, traición y ruptura del marco moral y espiritual, junto al miedo o en su lugar. Puede haber hiperactivación o disociación, como en otros traumas, pero el núcleo del daño está en la conciencia moral y el sentido. Por eso el modelo propone tratarlo como una categoría terapéutica propia, que sume la reparación moral y espiritual a los tratamientos habituales del psicotrauma y ayude al clínico a reconocer estas heridas y a atenderlas con respeto.

¿Cómo se diagnostica y con qué instrumentos se evalúa?

No existe un diagnóstico propio. El clínico se apoya en la entrevista, en los diagnósticos que sí existen y en escalas que todavía tienen una validación inicial.

Ni el daño moral ni el trauma religioso son trastornos en la CIE-11 (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025) ni en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association [APA], 2022), y la lista tabular de la CIE-11 no tiene categorías para ninguno de los dos. El DSM-5-TR sí cambió en 2025: desde el 1 de octubre de ese año, la categoría Z65.8, antes llamada problema religioso o espiritual, se llama problema moral, religioso o espiritual (traducción nuestra del nuevo nombre en inglés). Los problemas morales incluyen experiencias que alteran la comprensión de lo correcto y lo incorrecto, o el sentido de bondad de uno mismo, de los demás o de las instituciones (APA, 2025). Z65.8 pertenece a las afecciones que pueden ser objeto de atención clínica: sirve para registrar el problema, pero no es un trastorno mental.

Cuando se cumplen los requisitos del trastorno de estrés postraumático (6B40) o del trastorno de estrés postraumático complejo (6B41), se diagnostican y se tratan como tales. El TEPT complejo incluye, entre sus alteraciones persistentes, creencias de sentirse disminuido, derrotado o sin valor, con sentimientos de vergüenza, culpa o fracaso relacionados con el evento traumático (OMS, 2025). Ese terreno se cruza con el daño moral, y conviene explorarlo de forma explícita.

Instrumentos de evaluación

  • Moral Injury Questionnaire, versión militar (MIQ-M): 20 reactivos de autoinforme que miden la exposición a experiencias moralmente dañinas en zona de guerra, no los síntomas. Se validó con veteranos de Irak y Afganistán (Currier et al., 2015).
  • Moral Injury Outcome Scale (MIOS): 14 reactivos que miden las consecuencias del daño moral en dos factores, vergüenza y violación de la confianza. Se validó con militares y veteranos de varios países (Litz et al., 2022).
  • Existential Concerns Questionnaire (ECQ): mide la ansiedad existencial, es decir, el temor ante amenazas básicas de la existencia como la muerte o la falta de sentido. Se validó en adultos de población general y con trastornos de ansiedad o depresión; no es una escala de trauma (van Bruggen et al., 2017).
  • Religious and Spiritual Struggles Scale (RSS): mide luchas religiosas y espirituales en seis dominios (lo divino, lo demoníaco, lo interpersonal, lo moral, la duda y el sentido último). Tampoco mide trauma, pero permite explorar este terreno con un instrumento validado (Exline et al., 2014).

Estas escalas orientan, pero no sustituyen la entrevista clínica. Todas se desarrollaron fuera de México; antes de usarlas, conviene revisar si existe una versión validada en español.

¿Qué intervenciones se proponen?

El modelo propone intervenciones integradoras que trabajen la reconstrucción ética, la búsqueda de sentido, la reparación espiritual y relacional, y la integración compasiva de uno mismo.

La evidencia controlada se concentra en el daño moral en población militar. En el trauma religioso y el abuso de conciencia, la práctica se apoya sobre todo en la experiencia clínica y en la adaptación de enfoques probados en otros problemas.

1. Revelación adaptativa (Adaptive Disclosure)

Litz et al. (2009) propusieron un primer conjunto de estrategias para reparar el daño moral en veteranos. De ahí surgió la revelación adaptativa, una terapia breve basada en exposición que Gray et al. (2012) probaron en un ensayo abierto con 44 marines. Para el daño moral, el paciente sostiene un diálogo imaginario con una autoridad moral compasiva y capaz de perdonar (por ejemplo, un familiar de confianza) sobre sus propias transgresiones o las de otros; en sesiones posteriores pone en voz alta lo que esa persona le diría sobre cómo seguir con su vida (Litz et al., 2024).

En un ensayo aleatorizado con 122 marines y marinos desplegados, no fue inferior a la terapia de procesamiento cognitivo (Litz et al., 2021). En veteranos con TEPT ligado a pérdida traumática y a daño moral, una versión ampliada superó a la terapia centrada en el presente al terminar el tratamiento, con diferencias de tamaño pequeño a moderado que no se mantuvieron en el seguimiento (Litz et al., 2024). Toda esta evidencia procede de población militar.

2. Psicoterapia existencial y enfoques centrados en el sentido

La psicoterapia existencial de Yalom (1980) y la logoterapia de Frankl (1963) ayudan a reconstruir el sentido y el propósito personal tras una ruptura existencial. La psicoterapia de grupo centrada en el sentido mejoró el bienestar espiritual y el sentido de la vida más que una terapia grupal de apoyo en un ensayo piloto con 90 pacientes con cáncer avanzado (Breitbart et al., 2010). Ese ensayo no se hizo con personas expuestas a trauma, así que su uso en este campo es una adaptación.

3. Psicoterapias con integración espiritual y terapia centrada en la compasión

La psicoterapia con integración espiritual de Pargament (2007) ofrece un marco no confesional para dialogar con el consultante sobre lo espiritual y apoyarse en sus recursos espirituales ante el estrés. Permite trabajar la desilusión espiritual y, si la persona lo desea, reconstruir una espiritualidad sana.

La terapia centrada en la compasión (Gilbert, 2014) no es una terapia espiritual: parte de un análisis evolutivo de los sistemas de motivación y de emoción, y busca cultivar la compasión hacia uno mismo y hacia los demás. Se desarrolló para personas con problemas ligados a mucha vergüenza y autocrítica (Leaviss y Uttley, 2015). Por eso es pertinente en el daño moral. Un metaanálisis de 15 ensayos en población clínica encontró efectos de pequeños a grandes en autocompasión y autocrítica, aunque la calidad metodológica de casi la mitad de los estudios era poco clara (Millard et al., 2023).

4. Intervenciones relacionales y basadas en el apego

Las terapias basadas en el apego atienden las heridas relacionales que dejan el daño moral, la traición, la manipulación espiritual y las rupturas del apego, y buscan restablecer la seguridad en los vínculos. Dos ejemplos son la psicoterapia diádica del desarrollo, creada por Dan Hughes para familias con hijos adoptivos o en acogimiento que sufrieron negligencia y abuso (DDP Network, s. f.), y la terapia focalizada en las emociones, que trabaja con individuos, parejas y familias desde la teoría del apego (International Centre for Excellence in Emotionally Focused Therapy, s. f.). Ninguna se diseñó para el daño moral o el trauma religioso; su uso en este campo es una extrapolación clínica.

5. Enfoques comunitarios y restaurativos

Para las heridas morales y espirituales colectivas, el modelo propone intervenciones comunitarias como los rituales colectivos, los diálogos de reparación moral y los procesos de justicia restaurativa, que buscan apoyo comunitario y construcción de sentido. Saul (2013) ofrece un marco para que los profesionales de salud mental diseñen respuestas comunitarias ante la violencia política a gran escala o los desastres, con programas que fortalecen la capacidad colectiva de narrar y de conversar en público.

6. Marco Caminos de la Compasión (Compassion Pathways Framework; Rivas, 2024)

Es una propuesta clínica de Rivas que guía la intervención hacia la conciencia compasiva, la sintonía emocional y espiritual, la reparación relacional y la integración ética de uno mismo, a lo largo de etapas estructuradas. Aborda de forma explícita las heridas existenciales y espirituales, y cuenta con ediciones para contextos evangélico y católico, pensadas para personas cristianas.

Etapas del marco

  • Conciencia compasiva: reconocer y validar las heridas emocionales y espirituales.
  • Claridad ética y existencial: favorecer una autorreflexión compasiva que restaure el marco ético y la coherencia existencial.
  • Sintonía espiritual y relacional: reconstruir relaciones de confianza a partir de la conexión compasiva y la seguridad emocional, con espacio para expresarse con autenticidad.
  • Integración y fortalecimiento: sostener en el tiempo una resiliencia compasiva y una vida con propósito ético y con sentido.

Referencias

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