Trauma complejo y TEPT complejo (6B41): guía clínica de evaluación y tratamiento

Revisado por Dr. Óscar Rivas, Psicólogo clínico, PsyT

Última revisión: 2026-10-07 · Próxima revisión: 2027-10-07

Respuesta breve

El trauma complejo es la exposición prolongada o repetida a traumas interpersonales de los que es difícil escapar, a menudo desde la infancia. Su diagnóstico de referencia es el TEPT complejo de la CIE-11 (6B41): síntomas de TEPT más alteraciones graves en la regulación del afecto, el autoconcepto y las relaciones. El DSM-5-TR no lo incluye.

Definición y criterios centrales: aspectos crónicos, relacionales y del desarrollo

El trauma complejo designa experiencias traumáticas interpersonales que se repiten durante largo tiempo y que a menudo comienzan en etapas tempranas de la vida; el término se usa también para sus consecuencias psicológicas, extensas y duraderas. En la clínica se emplea con frecuencia como sinónimo de trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT complejo). En esta guía se distinguen: trauma complejo nombra la exposición y TEPT complejo, el diagnóstico de la CIE-11.

A diferencia del trauma por un evento único, el trauma complejo suele ocurrir en situaciones sostenidas de traición relacional, abuso emocional y físico, explotación, abandono o negligencia persistente. Con frecuencia lo ejercen cuidadores, adultos de confianza o parejas íntimas (Herman, 1992a; Courtois y Ford, 2013).

Criterios centrales que lo distinguen del TEPT clásico

  • Exposición crónica: incidentes traumáticos sostenidos y repetidos durante periodos prolongados.
  • Contexto relacional: el daño proviene de personas responsables del cuidado y la protección de la víctima, y por eso altera la confianza y el apego.
  • Momento del desarrollo: suele ocurrir en periodos formativos y repercute en el desarrollo de la personalidad, incluidas la regulación emocional y la identidad.

Son ejemplos el abuso o la negligencia prolongados en la infancia, la violencia doméstica persistente, la trata de personas y el cautiverio, situaciones en las que escapar o pedir apoyo era difícil o imposible. La CIE-11 menciona ejemplos parecidos: tortura, esclavitud, campañas de genocidio, violencia doméstica prolongada y abuso sexual o físico repetido en la infancia (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025). Las Descripciones clínicas y requisitos diagnósticos de la CIE-11 (CDDR, por sus siglas en inglés) señalan que la exposición repetida, sobre todo en etapas tempranas del desarrollo, se asocia con mayor riesgo de TEPT complejo que de TEPT (OMS, 2024).

Impacto en la identidad, el apego, la regulación emocional y el funcionamiento interpersonal

El trauma complejo afecta varias dimensiones del funcionamiento psicológico, en correspondencia con su origen relacional y su carácter evolutivo.

Alteraciones de la identidad
Muchas personas sobrevivientes viven con un autoconcepto fragmentado, con vergüenza o autodesprecio persistentes y con dificultad para sostener una identidad coherente y estable. La invalidación o el maltrato crónicos llevan a menudo a interiorizar una imagen negativa de sí mismas (Fisher, 2017).
Alteraciones del apego
El trauma relacional compromete el desarrollo del apego seguro y con frecuencia da lugar a patrones de apego inseguro (por ejemplo, evitativo) o desorganizado. Estas alteraciones se manifiestan como dificultades relacionales persistentes, miedo intenso al abandono o al rechazo y problemas para establecer relaciones estables y de confianza (Schore, 2003). La CDDR señala que niñas, niños y adolescentes desarrollan a menudo un estilo de apego desorganizado si sus cuidadores son la fuente del trauma (OMS, 2024).
Desregulación emocional
El trauma crónico deteriora la capacidad de modular los estados emocionales. Son frecuentes la hiperactivación crónica, los cambios rápidos del estado de ánimo, el embotamiento emocional o la disociación persistente, junto con ansiedad, desesperanza, ira o vergüenza abrumadoras (van der Kolk, 2014).
Disfunción interpersonal
Las personas con historia de trauma complejo suelen tener dificultades marcadas para mantener relaciones sanas, con patrones de retraimiento, hipervigilancia, confusión de límites o volatilidad emocional. Estas dificultades repercuten en el trabajo y en la vida familiar y social (Herman, 1992b).

Criterios diagnósticos e instrumentos de evaluación

La CIE-11 introdujo el TEPT complejo como diagnóstico propio en junio de 2018 (ISTSS, 2018). Su código es 6B41 y su nombre oficial en español, trastorno de estrés postraumático complejo (OMS, 2025). El DSM no lo incluye como diagnóstico independiente: no figura en el DSM-5 (American Psychiatric Association [APA], 2013) ni en su revisión de texto, el DSM-5-TR (APA, 2022). En lugar de crear la categoría, el DSM-5 amplió la definición del TEPT con un grupo de síntomas de alteraciones negativas en las cogniciones y el estado de ánimo, y con un subtipo disociativo (ISTSS, 2018).

Requisitos de la CIE-11 para el TEPT complejo (6B41)

  • Exposición a un evento o a una serie de eventos de naturaleza extremadamente amenazante u horrible, por lo común prolongados o repetitivos y de los que es difícil o imposible escapar.
  • Los tres elementos centrales del TEPT (6B40): reexperimentación del evento en el presente (recuerdos intrusivos vívidos, flashbacks o pesadillas), evitación deliberada de los recordatorios y percepción persistente de una amenaza actual acentuada (hipervigilancia o sobresalto aumentado).
  • Problemas graves y persistentes en la regulación del afecto, por ejemplo reactividad emocional ante estresores menores, arrebatos violentos, conductas temerarias o autodestructivas, síntomas disociativos bajo estrés o embotamiento emocional.
  • Creencias persistentes sobre uno mismo como disminuido, derrotado o sin valor, acompañadas de vergüenza, culpa o sensación de fracaso relacionadas con el estresor.
  • Dificultades persistentes para mantener relaciones y para sentirse cerca de los demás.
  • Deterioro significativo en el funcionamiento personal, familiar, social, educativo, laboral u otras áreas importantes.

Los requisitos sobre regulación del afecto, autoconcepto y relaciones forman los tres dominios de las alteraciones en la autoorganización, que reflejan el efecto del trauma sostenido sobre esos sistemas (ISTSS, 2018; OMS, 2024). Se diagnostica TEPT o TEPT complejo, nunca ambos. Un detalle útil en la exploración: en el TEPT complejo el sobresalto puede estar disminuido en lugar de aumentado (OMS, 2024).

Instrumentos de evaluación

Entre los instrumentos empleados para evaluar el TEPT complejo y los fenómenos asociados están los siguientes.

International Trauma Questionnaire (ITQ)
Autoinforme diseñado específicamente para el TEPT y el TEPT complejo de la CIE-11. Su versión final tiene 12 ítems de redacción sencilla y es de libre acceso (Cloitre et al., 2018). La versión en español mostró validez y confiabilidad en una muestra clínica de mujeres mexicanas, en la que funcionó como instrumento breve de detección capaz de distinguir entre TEPT y TEPT complejo (Suárez Valdovinos et al., 2023).
SCID-D
Entrevista clínica de Marlene Steinberg para evaluar síntomas y trastornos disociativos, útil porque la disociación acompaña con frecuencia al trauma complejo. Nació como Structured Clinical Interview for DSM-IV Dissociative Disorders; no hay una edición con el DSM-5 en su nombre. La edición vigente (Steinberg, 2023) se llama Semi-Structured Clinical Interview for Dissociative Symptoms and Disorders y se aplica a adultos y adolescentes. Explora cinco componentes (amnesia, despersonalización, desrealización, confusión de identidad y alteración de identidad) con un método independiente de la nosología, e incluye apéndices para trasladar los resultados a los criterios del DSM-5-TR y de la CIE-11.
Trauma Symptom Inventory-2 (TSI-2)
Autoinforme de 136 ítems para personas de 18 a 88 años (Briere, 2011). Abarca un espectro amplio de síntomas: TEPT, disociación, síntomas somáticos, estilos de apego inseguro, alteraciones de las capacidades del self y conductas disfuncionales. Incluye escalas de validez, entre ellas una rediseñada para detectar sobrerreporte.

Solo el ITQ se diseñó para los criterios de la CIE-11; la SCID-D y el TSI-2 complementan la evaluación de la disociación y del perfil de síntomas. Los resultados de cualquiera de ellos se integran en la entrevista clínica, que es donde se establece el diagnóstico.

Enfoques clínicos integrados

Esta guía adopta un enfoque integrador del tratamiento, ajustado a las alteraciones relacionales, del desarrollo y del apego que deja el trauma complejo. Tres marcos influyentes orientan el tratamiento actual.

1. Modelo trifásico (Herman, 1992b)

Herman (1992b) organizó la recuperación en etapas sucesivas, que tituló seguridad, recuerdo y duelo, y reconexión. En la práctica clínica las fases suelen describirse así:

Fases del tratamiento

  • Fase 1, seguridad y estabilización (en Herman, seguridad): establecer seguridad emocional y física, desarrollar habilidades de autorregulación y de afrontamiento, y construir una alianza terapéutica estable.
  • Fase 2, procesamiento del trauma (en Herman, recuerdo y duelo): procesar de manera gradual los recuerdos traumáticos e integrar las experiencias fragmentadas.
  • Fase 3, integración y rehabilitación (en Herman, reconexión): reconstruir la confianza en los vínculos y la coherencia de la identidad, y apoyar a la persona para que vuelva a participar en su vida y en su comunidad.

2. Enfoque somático integrado (van der Kolk, 2014)

Van der Kolk (2014) subraya la dimensión corporal del trauma y propone terapias que integren lo neurobiológico, lo somático, lo relacional y lo cognitivo; su libro dedica capítulos al EMDR, al yoga, al neurofeedback y al teatro. En esta línea se agrupan:

  • Psicoterapias de orientación somática, como la psicoterapia sensoriomotriz (Ogden et al., 2006): trabajan con las sensaciones y respuestas corporales ligadas al trauma para favorecer la conciencia corporal y la regulación emocional.
  • EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares): terapia estandarizada de ocho fases, centrada en el trauma, que usa estimulación bilateral. Su mecanismo propuesto, todavía hipotético, es facilitar el procesamiento y la integración del recuerdo traumático (ISTSS, 2019).
  • Intervenciones centradas en el apego: buscan reparar las heridas relacionales y favorecer la confianza y el apego seguro por medio de la relación terapéutica y de intervenciones interpersonales.
  • Psicodrama, neurofeedback y arteterapia orientados al trauma.

3. Disociación estructural y trabajo con partes (Fisher, 2017)

Fisher (2017) integra la teoría de la disociación estructural de la personalidad (van der Hart et al., 2006) con elementos de la terapia de sistemas de la familia interna (IFS; Schwartz, 1995) para abordar el trauma complejo desde la fragmentación interna y la disociación.

Parte aparentemente normal (PAN)
En la teoría de la disociación estructural, la parte de la personalidad que se ocupa sobre todo de la vida cotidiana y evita los recordatorios del trauma (en inglés, ANP).
Parte emocional (PE)
La parte fijada en el tiempo del trauma, que revive de forma crónica las experiencias traumáticas y permanece en respuestas defensivas como lucha, huida, congelamiento o colapso (en inglés, EP; van der Hart et al., 2006).
  • Tratamiento orientado a partes: identifica los estados fragmentados de la personalidad (PAN y PE) y promueve el diálogo y la colaboración entre partes como base para integrar de forma gradual los estados disociados del self.
  • Reparación relacional centrada en el apego: pone el acento en la seguridad relacional y la sintonía, con una presencia compasiva ante las partes ligadas al trauma. Su meta es restaurar la autocompasión y la confianza, y con ellas la cohesión interna.

Esta guía propone combinar los tres marcos según la fase del tratamiento y las necesidades de cada consultante. Esa integración se apoya en la experiencia clínica: todavía se desconoce si los tratamientos adaptados o nuevos superan a los tratamientos establecidos en el TEPT complejo (ISTSS, 2018).

Referencias

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